Febrero – Preparación y espera

Febrero llega como un puente entre la pausa y el movimiento. Después del descanso, aparece el tiempo de preparar, ordenar lo pendiente y mirar lo que se aproxima. La espera no es un vacío, es un espacio donde las decisiones se decantan y los propósitos toman forma.

Prepararse también es un acto de fe. Implica reconocer que la vida no avanza solo por impulso propio, sino también por lo que no controlamos. Se afina el ánimo, se ajustan las prioridades y se piensa en lo que conviene guardar y lo que conviene soltar.

La espera puede ser inquieta o serena. En la oración sencilla, en las tareas pequeñas y en las conversaciones que aclaran, la espera se vuelve fructífera. Desde allí, lo que viene deja de ser una incógnita amenazante para convertirse en ocasión de crecimiento.

Que este mes sea vivido con atención y propósito, comprendiendo que preparar y esperar no es detenerse, sino construir. Quien se dispone con paciencia y sentido encuentra la fuerza para responder cuando el camino finalmente se abre.

“Porque vosotros tenéis necesidad de paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” (Hebreos 10:36).

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